Septiembre de 2005
En 2003, Sylvia visitó por primera vez el lugar donde ahora trabaja, pero como clienta. Le acababan de diagnosticar el VIH y su médico le recomendó que visitara una organización de servicios para SIDA de su localidad, para que aprendiera más acerca de su diagnóstico y para que buscara apoyo en proveedoras de servicios y en otras mujeres VIH+. Un mes más tarde, Sylvia asistió a su primer retiro con un grupo de mujeres VIH+ que le afectó profundamente: el evento "me sacó inmediatamente de lo que estaba viviendo". "Decidí dejar atrás la vergüenza. Ya no me iba a avergonzar por vivir con el VIH. Si puedo vencer la adicción al crack, puedo vencer esto".
Poco después de esta experiencia, se abrió una vacante como defensora de pares o compañera de apoyo en la misma organización a la que había acudido como clienta. Se postuló y obtuvo el trabajo. Sylvia estaba complacida y entusiasmada, pero sabía que lo mejor era empezar lentamente y comenzó trabajando 20 horas a la semana. Tenía experiencia como defensora en abuso de drogas y salud mental, y ella misma había vencido la adicción al crack y a la cocaína seis años antes. El cargo como defensora de pares o compañera de apoyo era una transición natural para ella: "¿Qué otra cosa debía hacer sino trabajar por otras mujeres VIH+ y con ellas?"
Sylvia lleva seis años rehabilitada. Desde este hito en su vida, su familia se ha vuelto más dependiente de ella. Por eso, al igual que muchas mujeres VIH+, a Sylvia le preocupaba la forma en que reaccionaría su familia a su diagnóstico. Cuando les reveló que tenía el VIH, su familia la recibió con apoyo y optimismo, con actitudes positivas. Sylvia cree que su propia actitud ayudó a sus hijas a hacer frente a la situación: "como yo no siento vergüenza, tampoco ellas". La familia de Sylvia está orgullosa de sus esfuerzos para ayudar a otros al convertirse en defensora de pares o compañera de apoyo; ella suele darse cuenta de que al contar su historia ayuda a sus clientas a enfrentar su propio diagnóstico. "Me gusta hablar con mujeres a quienes les acaban de dar su diagnóstico, porque entonces tengo la posibilidad de decirles lo primero que me dijeron a mí".
Sylvia está agradecida por el apoyo que recibe de su grupo de narcóticos anónimos (NA). También considera que su grupo de apoyo de NA es el que le enseñó a retirarse y "alejarse". Sylvia recuerda que se realizó la prueba del VIH una vez cuando era adicta al crack y a la cocaína, pero nunca volvió para saber los resultados. Ella piensa que si hubiera sabido que era VIH+ cuando todavía se drogaba, seguramente habría caído más hondo en su adicción.
Otra fuente de apoyo e inspiración para Sylvia es su iglesia y su ministro. Dado que la iglesia es un pilar muy influyente en su comunidad, Sylvia cree que sólo aquéllas que aborden el tema del VIH/SIDA marcarán una diferencia en la comunidad afroamericana. "Tenemos un gran camino por delante en materia de educación en la comunidad negra", pero todos aquéllos que se muestren compasivos con la comunidad con VIH/SIDA y con las personas infectadas y afectadas por este virus, ayudarán a dejar atrás el estigma.
Hoy en día, Sylvia hace malabares entre su vida laboral y su vida personal. Está encargada de supervisar los casos de 12 mujeres VIH+, cada una de ellas con sus propias necesidades. Es un desafío: Sylvia trabaja con mujeres que tienen una profunda depresión y que no pueden revelar su situación, mujeres que sienten que su vida acabó. Ella trata de ayudar a todas sus clientas a ver "el lado positivo de ser positivo" y obtiene su recompensa cuando observa la evolución de una mujer a quien le acaban de diagnosticar el virus. Muchas de sus clientas han finalizado su capacitación para ser educadoras de pares, están realizando charlas públicas e inscribiéndose en la universidad. Han superado la vergüenza que alguna vez sintieron.
Sylvia tiene un horario intenso y ocupado y, a veces, debe recordarse a sí misma que debe cuidarse: "en ocasiones tengo que recordar que yo también tengo este virus".
"Quiero una vida normal. No quiero que toda mi vida gire sólo en torno al VIH". Sylvia no sabe con seguridad qué más le prepara el camino, pero le entusiasma ver a dónde la lleva. "Siento que ahora estoy justo donde se supone que debo estar, y eso es lo más importante".
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