Enero de 2004
En 1990, cuando estaban en primavera, Wendy recibió una llamada del consultorio de su médico. La voz en el teléfono le explicó que habían perdido el tubo de sangre que le habían extraído y le pidió que volviera al consultorio para que le tomaran otra muestra. Cuando llegó con su pequeño en brazos y embarazada de su segundo hijo, la llevaron a una oficina cualquiera y le dijeron que era VIH+. Un médico a quien apenas conocía le mintió para hacerla volver al consultorio, le recomendó que se practicara un aborto y la dejó sola por su propia cuenta con el número de teléfono del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades. "Cuando escuché esas palabras, supe que sería horrible, sentí que ya estaba muerta".
Wendy llamó de inmediato al CDC y le dijeron que había entre un 75% y un 85% de probabilidades de que su bebé también fuera VIH+. No podía creer lo que estaba escuchando. Hizo una cita para terminar con el embarazo. Más tarde ese mismo día, encontró un lugar donde hacían la prueba del VIH y volvió a hacérsela junto con su hijo y su esposo. Ella recuerda que pensaba "todos estamos muertos. Yo lo tengo. Ellos también. Todos vamos a morir".
Los resultados de la segunda prueba confirmaron que Wendy estaba infectada con el VIH pero, afortunadamente, su hijo y su esposo no. "Cuando lo supe, me encontraba en una etapa en que tenía todo lo que quería, y sentí que me habían robado".
Wendy buscó orientación y apoyo en un centro de salud mental de su localidad. La incorporaron a una terapia de grupo, luego comenzó a ir a asesoría con su esposo y, con el tiempo, ingresó a psicoterapia individual. Wendy ha tenido la misma terapeuta durante siete años. "No confío en mucha gente, pero en ella sí". Desde que le dieron su diagnóstico, ha participado en forma intermitente en un grupo de apoyo para mujeres VIH+. Para Wendy es muy importante estar con otras mujeres como ella: "Siento como si realmente perteneciera a este lugar". Pero a veces ha sido increíblemente difícil: en un principio, solía sentirse insegura y aislada, sentimientos que se mezclaban con una inmensa tristeza cuando veía morir a otras personas que la rodeaban.
Uno de los aspectos más difíciles de su diagnóstico ha sido "llevar una doble vida". Wendy vive en un pueblo pequeño y no ha revelado su situación a sus vecinos ni a la comunidad. Se pregunta "¿Ha cambiado el mundo en realidad? ¿Me aceptarán? ¿Me darán apoyo?"
Wendy decidió revelarle a su hijo que tenía el VIH cuando éste tenía siete años. Sentía que era mejor contarle cuando fuera pequeño, porque sabía que cuando fuera el momento de que madurara, él tendría que enfrentar sus propios problemas e inquietudes. Por eso, un día de verano, poco después de que terminara el año escolar, Wendy se sentó con él y comenzó a explicarle que tenía un virus. Está muy orgullosa de su hijo, que ahora tiene 14 años, porque mantuvo su situación en secreto a pesar de la carga que debía soportar. "Todas las mañanas nos damos un beso y nos decimos 'te amo'... es la mejor parte del día... ¡eso es lo más importante!" Su esposo y su hijo tienen una importante función en su red de apoyo.
Wendy no contó con la orientación o los consejos de otros cuando decidió revelar su situación a su hijo y a otras personas. Ha aprendido muchas lecciones valiosas y ahora ofrece un poco del consejo de nunca tuvo. "Antes de contarles a las personas tu situación, debes pensar en cómo te beneficiará a ti y sólo a ti. No les cuentes por ellos, cuéntales por ti. No olvides que puedes encontrar un gran apoyo de personas de quienes no lo esperabas y que puede ocurrir que aquéllos que creías que te apoyarían no lo hagan".
Vivir con el VIH le ha enseñado a Wendy lo que significa sentirse desvalida. Ha aprendido a pedir ayuda cuando la necesita y a establecer prioridades en su vida. Vivir con el VIH también ha ampliado su perspectiva de otras personas, le ha ayudado a apreciar más los abrazos y los besos y la ha impulsado a mantener muchas cosas al mismo tiempo: su salud, su mente y su familia. "No puedo permitir que todo se desplome porque si lo hago, podría convertirse en una avalancha".
Las mujeres que presentamos en nuestros perfiles son mujeres VIH+ reales y personas que trabajan en el área del cuidado del VIH. The Well Project respeta y protege la confidencialidad de las mujeres que aparecen en sus perfiles y, por lo tanto, nunca revela sus apellidos, direcciones o lugares de trabajo. Incluso puede ocurrir que entreguemos un seudónimo a fin de mantener en privado el nombre de pila de las mujeres que aparecen en estos perfiles. Si tienes preguntas o comentarios acerca de nuestros perfiles, comunícate con nosotros.
