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Cosas de niños: cómo mantener bien a los niños VIH+

por Amy Buch
Septiembre de 2006

Todos los padres desean que sus hijos estén saludables y seguros. Cuando tu hijo(a) es VIH+, existen algunas medidas adicionales que debes tomar para asegurarte de que él o ella reciban la atención adecuada. Las buenas noticias son que los niños VIH+, al igual que los adultos VIH+, están viviendo por más tiempo y llevando vidas más sanas con mejores tratamientos.


El VIH en los niños

El VIH en los niños es algo distinto en comparación con los adultos. Los niños VIH+ suelen tener recuentos de células CD4 mucho más altos que los adultos, pero también pueden tener mayores cargas virales (cantidad de VIH en la sangre).


Los niños VIH+ se enfrentan al hecho de que el VIH ataca a sus sistemas inmunitarios que aún están en desarrollo. Como resultado, los niños VIH+ tienen más probabilidades de contraer infecciones bacterianas, como neumonía y sinusitis (inflamación de los espacios aéreos que desembocan en la nariz). Es posible que los niños VIH+ también tengan más probabilidades de sufrir de diarrea o muguet (placas blancas en la boca provocadas por levaduras).


En ocasiones, los signos del VIH aparecen en la piel. Las verrugas y el molusco contagioso (pequeños bultos en la piel), comunes en los niños y que son causados por determinados virus, pueden ser más molestos para los niños VIH+.


Prevenir las enfermedades

Se han hecho recomendaciones para evitar que niños y adultos VIH+ desarrollen infecciones oportunistas (IO), enfermedades que atacan al cuerpo cuando el sistema inmunitario está débil. Todos los niños VIH+ menores de un año reciben medicamentos para prevenir la neumonía por pneumocystis carinii (o PCP, que también recibe actualmente el nombre de pneumocystis jirovecii), que es un tipo de neumonía que tiene más probabilidades de afectar a personas con un sistema inmunitario deficiente. Después del primer año, algunos niños siguen recibiendo medicamentos preventivos dependiendo de la condición de sus sistemas inmunitarios.


Si un niño VIH+ obtiene resultados positivos en una prueba de exposición a la tuberculosis (TB) después de hacer una prueba cutánea de esta enfermedad, se le administrarán otros medicamentos para evitar que la TB se desarrolle. Dependiendo de la edad y la condición del sistema inmunitario del niño, también se podría administrar medicamentos para prevenir el complejo Mycobacterium avium (MAC), el cual es provocado por un germen que puede afectar los pulmones o el intestino. En algunos casos, estos tipos de medicamentos preventivos se pueden suspender cuando el sistema inmunitario se fortalece.


Vacunar a tu hijo(a) es una de las cosas más importantes que puedes hacer para evitar que se enferme. A los niños VIH+ se les vacuna para la mayoría de las enfermedades, de la misma forma que los niños sin VIH. Entre estas vacunas se encuentran aquéllas contra difteria, tétanos y antitosferina (DTP), contra la poliomielitis (IPV), contra Haemophilus influenzae tipo B (HiB) para la meningitis, contra el neumococo (Prevnar) y contra las hepatitis A y B. Todos los niños VIH+ (así como los niños sanos de seis meses a cinco años de edad) deben vacunarse contra la gripe todos los años.


Consulta al médico de tu hijo(a) sobre los requisitos de vacunas especiales para niños VIH+. Por ejemplo, los niños VIH+ pueden y deben recibir la vacuna contra sarampión, paperas y rubéola (MMR) y aquélla contra la varicela si su recuento de células CD4 es lo bastante alto, pero no deben vacunarse si dichos recuento son muy bajos.


Debes asumir que ningún padre o madre puede proteger a un hijo de todos los gérmenes. Aun cuando quieras alejar a tu hijo(a) VIH+ de personas que tienen un resfrío o gripe, sabes que tu hijo(a) con el tiempo se acercará a alguien que esté enfermo. Enséñale a tu hijo(a) a practicar un lavado de manos frecuente y exhaustivo. Dado que los niños suelen restregarse los ojos o colocarse los dedos en la boca o la nariz, mantener las manos razonablemente libres de gérmenes puede ayudarle a mantenerse bien. En cuanto sea posible, enséñale a sonarse la nariz.


Enfrentar las enfermedades

Todas las enfermedades de la niñez pueden ser difíciles para los padres así como para sus hijos. Como padre o madre, puedes verte deseando que la enfermedad te afectara a ti y no a tu hijo(a). Es posible que la frustración te embargue debido a que el tratamiento o prevención que debes administrarle a tu hijo(a) hace que él o ella se sienta incómodo(a) o sea difícil de vigilar. Puedes sentirte desvalida cuando no existe una buena forma de explicarle la situación a tu hijo(a). Además, podrías sentirte desanimada si tu hijo(a) se enferma y tiene diarrea, lo que puede retrasar tus metas para enseñarle a pedir ir al baño.


Recuerda que estas experiencias y sentimientos son normales para cualquier padre o madre. Aunque desees que tu hijo(a) esté saludable y seguro(a), trata de no impedirle que disfrute de las experiencias normales de la niñez.


Atención y tratamiento contra el VIH para niños

Busca a un pediatra (médico de niños) con el que te sientas cómoda de conversar y que tenga experiencia en el tratamiento de niños VIH+. Es útil tener a un pediatra local que esté cerca y que pueda ayudar con todos los problemas habituales de la niñez y consultar a un médico experto en VIH (en especial, si los pediatras locales no tienen mucha experiencia en el tratamiento de niños VIH+). Los pediatras expertos en VIH suelen trabajar en un hospital o centro médico para niños que ofrecen un programa contra el VIH.


El tratamiento con medicamentos anti-VIH (en ocasiones llamada terapia antirretroviral sumamente activa o TARSA) funciona muy bien para los niños. Habla con tu pediatra sobre en qué momento comenzar con los medicamentos anti-VIH. Comenzar en forma temprana podría evitar que el VIH provoque más daño en el cuerpo de tu hijo(a). La mayoría de los niños VIH+ empiezan a tomar estos medicamentos a los tres meses de edad. Sin embargo, si se diagnostica el VIH a un niño(a) mayor, el tratamiento puede depender del estado de salud de su sistema inmunitario.


El Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. ha reunido un conjunto de guías sobre el tratamiento pediátrico que recomiendan los medicamentos que los niños deben tomar cuando inician la terapia y cuáles no se deben combinar. Pregunta a tu médico sobre estas guías, así como sobre las interacciones entre medicamentos y sus efectos secundarios.


No existe tanta información disponible sobre el uso de medicamentos anti-VIH en niños como en adultos y no todos estos medicamentos están disponibles para los niños. De todas maneras, existen más de diez medicamentos anti-VIH aprobados para uso pediátrico. Es importante encontrar la dosis correcta. Las dosis para niños se basan en el peso, de modo que será necesario ajustarla frecuentemente a medida que tu hijo(a) crezca.


Los niños necesitan tomar sus medicamentos anti-VIH sistemáticamente. Deben tomarlos a la misma hora todos los días. Algunos medicamentos anti-VIH se deben tomar junto con los alimentos, mientras que otros no. Cuando hables con el médico de tu hijo(a) sobre qué medicamentos anti-VIH deberá tomar, piensa en sus actividades diarias y en cómo adaptarás el programa de dosis de los medicamentos de tu hijo(a).


Lograr que los niños se tomen los medicamentos puede ser un verdadero desafío. A los niños podría desagradarles el sabor de éstos o podrían tener problemas para tragar las píldoras. Los niños más grandes pueden esconder las píldoras o fingir que se las toman. Pide a tu pediatra o a otros padres sugerencias sobre cómo ayudar a tu hijo(a) a tomar sus medicamentos. Recuerda que es muy importante tomar los medicamentos anti-VIH sistemáticamente.


También es importante que los niños VIH+ tengan una nutrición adecuada. ¡Lograr que los niños coman bien puede ser difícil aun cuando no tengan el VIH! Pide a tu pediatra o a una organización de servicios para personas con SIDA que te deriven a un dietista (nutricionista) que conozca las necesidades nutricionales de las personas con VIH.


Trabaja con tu pediatra para controlar de cerca el crecimiento, el desarrollo y las pruebas de laboratorio de tu hijo(a), tales como recuentos de carga viral y células CD4. Si ves algún problema, es posible que debas considerar reemplazar los medicamentos anti-VIH por otros. También debes preguntarle a tu hijo(a) si tiene alguna dolencia. Estar al tanto de cómo se siente tu hijo(a) te ayudará a saber si se ha enfermado o si experimenta efectos secundarios.


Preocúpate por ti

Por último, pero no menos importante, es que preocuparte por ti es tan crucial como preocuparte por tu hijo(a) VIH+. A continuación te indicamos algunos consejos:

  • Busca información y recursos en una organización local de servicios para personas con SIDA.
  • Dado que en los EE.UU. no hay muchos niños VIH+, es posible que te sientas sola. Busca a otros padres que puedan entenderte y ofrecerte su apoyo. Si no hay otros padres que tengan niños VIH+ cerca de ti, busca a un grupo de padres de niños con otras necesidades de atención médica permanente o busca un grupo por Internet.
  • Si tú eres VIH+, preocúpate por tu propia salud física y emocional. Muchos padres ponen en primer lugar la salud de sus hijos. Sin embargo, necesitas estar sana para ayudar a tu hijo(a).
  • Si tienes más hijos, busca un tiempo especial para ellos también.
  • Recuerda que está bien pedir ayuda a familiares y amigos. Ser padre o madre es un trabajo de tiempo completo, no sólo los días de enfermedad o vacaciones. ¡Recuerda descansar de vez en cuando!


1

Ammann, A. (2002). Recommendations for immunization of infants and children: Obtenido en septiembre de 2006 desde

http://www.womenchildrenhiv.org/wchiv?page=ch-01-02 (en inglés)

2

U.S. Department of Health and Human Service. (2005). Guidelines for the use of antiretroviral agents in pediatric HIV infection: Obtenido en septiembre de 2006 desde http://www.aidsinfo.nih.gov/Guidelines/GuidelineDetail.aspx?
MenuItem=Guidelines&Search=Off&GuidelineID=8&ClassID=1
(en inglés)

La información proporcionada en este sitio Web tiene como único propósito el uso educativo y está diseñada para respaldar la atención médica personal, no para reemplazarla. Por lo tanto, nunca debe utilizarse como sustituto de esta última, del diagnóstico o del tratamiento práctico. Recomendamos que, al tomar decisiones médicas, consulta con tu proveedor personal de atención médica.