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Hoy sigo adelante más saludable que nunca, más fuerte en mente, cuerpo y espíritu.
No quiero seguir limitando mi felicidad. He pasado por momentos tan oscuros en mi vida que me rehúso a privarme de esta pequeña luz.
Cada vez que comparto mi verdad, invito a las personas a profundizar su comprensión de mí—no simplemente sobre mi diagnóstico, sino también sobre mi resiliencia, mi risa, mi sabiduría y mi salud.
Si puedo ser una inspiración para otras personas, debo tratarme a mí misma con el mismo amor que doy libremente a los demás.
El VIH me había mantenido encerrada en el miedo por más de una década, preocupándome constantemente por el estigma y ser juzgada. Pero me recordé a mí misma todo lo que había aprendido... mantenerme presente.
Tenía una imagen en la cabeza de cómo debería ser la defensa, y a menudo comparo el trabajo que hago, o no hago, al abogar por nuestra comunidad con VIH. Lo que he aprendido es que no hay una forma correcta o incorrecta de ser defensora.
Que consumo en ayunas con mis 51 años y como sobreviviente del #vih de 36 años
No tienes que pasar por tener VIH o SIDA solo. Incluso si no los tienes, puedes crear tu propia familia extendida.
El estigma es más mortífero que la enfermedad en sí, y el conductor principal del estigma del VIH, en mi opinión, es la iglesia.
El primer relato es la historia de los eventos que me provocaron traumas antes de mi diagnóstico. Comienza en el ambiente en el que nací y cómo este generó las oportunidades para que me ocurrieran experiencias traumáticas a temprana edad.
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