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No quiero seguir limitando mi felicidad. He pasado por momentos tan oscuros en mi vida que me rehúso a privarme de esta pequeña luz.
Mi vida no ha sido en vano. Mi dolor se transformó en camino. Mi voz se convirtió en refugio. Mi resistencia creó un legado que sigue salvando vidas hoy.
Es posible recibir ayuda y sanar. Todo comienza con el acto de rendirse y tener una conversación con alguien en quien confías.
Estoy cansada...de la crueldad. Cansada de las mentiras. Cansada de la gente que elige no educarse cuando la verdad está aquí, frente a sus ojos.
Cada vez que comparto mi verdad, invito a las personas a profundizar su comprensión de mí—no simplemente sobre mi diagnóstico, sino también sobre mi resiliencia, mi risa, mi sabiduría y mi salud.
Me decían que lo que me mataría serían mis medicinas no el virus. Y sé, con certeza, que estaban equivocados... Cuando llegué a Estados Unidos en 2001, empecé tratamiento. Cuatro semanas después ya estaba indetectable.
Este país se atreve a hablar de "libertad" mientras millones están secuestradxs por la pobreza, el racismo, el capacitismo y la avaricia. ¿Qué tipo de libertad es esa?
Compartir tu historia públicamente, especialmente con desconocidos, no es fácil. Pero es poderoso. Porque nunca sabes quién está escuchando, quién está esperando una confirmación de que no está solo...
Puedo decir que ya no siento el mismo odio que sentía por mi amiga, pero sigo teniendo ese trauma de antes, y cuando recuerdo aquellos tiempos, lloro.
Si puedo ser una inspiración para otras personas, debo tratarme a mí misma con el mismo amor que doy libremente a los demás.
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