Traducido del inglés | Read in English
Después de una cita con un hombre mucho mayor que yo que conocí por internet, me di cuenta que yo, también, puedo abrir mi corazón. Desafortunadamente, simplemente porque se puede no quiere decir que se deba. Considerando mi larga lista de citas por Hinge, esta fue divertida y sacada de las comedias románticas que consumo cuando estoy cruda. Pagando cinco dólares para pegarle a pelotas de béisbol, pegándome en el dedo con una pelota, tirarle a la canasta, y una pelota de básquet rebota en tu cabeza, y otros cinco por cerveza de barril en un vaso de plástico. No fue muy romántico, pero después de echarme la mitad de mi Budweiser, los nervios de la primera cita se calmaron, y me di cuenta que mi supuesto "ingeniero de 5'9 de estatura" medía 5'7 si es que eso y era electricista. Aunque vi las señales de alerta directamente frente a mí, amplificadas por las luces LED, decidí ignorarlas. Quizá era ese ambiente melancólico del lugar —muy tipo Chuck E. Cheese de la década de los 2000— pero creí sentir una chispa. Al pasar por cada momento vergonzoso, desde mis lentes rotos hasta el último viaje a McDonald's, me sentí como una chica tan normal—corrección, mujer normal.
Todos asumimos algún riesgo al buscar compañía, y las personas con VIH no son una excepción.
Conforme la noche llegaba a su fin, aquella incomodidad de salir en citas parecía un recuerdo distante y todas las citas horribles anteriores a esta parecían valer la pena un poco. Hasta que me hizo el ghosting. La verdad es que, aquel beso de buenas noches—ese que te debe dar cosquilleo por todo el cuerpo—nunca llegó. Aunque sí sentí escalofríos, realmente no puedo estar segura que el frío bajo cero no influyó mi decisión. Aún así, que se esfumen ni más ni más es la manera cordial de decir: "Esto no va a funcionar. Tus problemas derivados de la relación con tú papá y el VIH realmente me quitan las ganas".
No revelo mi he estado en las primeras citas o cuando ligo casualmente. Antes pensaba que debía contárselo a todos, pero cuando se trata de relaciones emocionales o sexuales con hombres, me quedo paralizada. El sexo es divertido, pero las emociones son peligrosas. Conversaciones sobre mi diagnóstico resultan en una avalancha de preguntas que no quiero responder.
Tener que contarle a alguien sobre mi estado es mucho más difícil de lo que pensaba, y el concepto de andar en citas mientras soy positiva es difícil. Pero estar en internet crónicamente me ha llenado de un deseo de ser amada, y mi creadora favorita—una mujer multicolor de pelo castaño con un acento escocés— me dijo a mí y a miles de otras personas que merecemos amor, no lujuria.
Así que voy a intentarlo. Creo que este blog es simplemente un argumento de que salir con alguien, mientras se es positivo, no tiene por qué ser más difícil de lo que ya es, siempre y cuando mantengas tu carga viral indetectable, tomes tus medicamentos y folles con condón. Desgraciadamente, la gente miente, y la humildad y el estigma se presentan de muchas formas, como la vb después de una lamentable aventurilla de una noche durante tus vacaciones en Portugal. Todos asumimos algún riesgo al buscar compañía, y las personas con VIH no son una excepción. Siento un poco de culpa por llenar mi mente con chicos mientras el mundo se quema literalmente bajo nuestros pies, y mi miedo al futuro, o a la falta de él, está siendo reemplazado por golpecitos y risitas de un hombre que conocí en Tinder—que vergüenza. :)


