Traducido del inglés | Read in English
Hace tiempo que no escribo ni publico ningún blog. He estado lidiando con muchos retos que afectan mi salud mental de muchas maneras. La vida no deja de hacer berrinches. Cuando creo que ya pasó o que estoy a punto de superar este reto, aparece otro que me vuelve a tirar al suelo.
Muchas veces he tratado de encontrar un propósito. Me he quedado callada durante muchos años porque, sinceramente, no sé qué hacer ni cómo expresar mis sentimientos, aparte de llorar en momentos en que estoy sola. Me digo a mí misma que debo ser fuerte y valiente por los demás, pero estoy destrozada y mi vida también. La mayor parte del tiempo me siento inútil y sin esperanza, y mi corazón sigue llevándome por ese camino de autodestrucción.
Hablar con mi psicólogo y tomar medicamentos me han ayudado mucho a salir adelante. Estoy aprendiendo a ser valiente y a no solo tener palabras de valentía. Estoy aprendiendo a actuar más y no solo a soñar. Cada sesión que tengo con mi psicólogo me ha ayudado a mejorar y realmente estoy trabajando en mi mente. Y aprendiendo a tratarme mejor a mí misma. Pero el mundo está podrido y la vida está destrozada. Esto ha nublado mi visión y mi esperanza sobre lo que el futuro puede traer.
El año pasado cumplí cincuenta y, al recordar todas las veces que la vida me ha dado una paliza, me dieron ganas de rendirme y terminar con todo.
Entiendo que estoy lastimada, pero Dios me da SU amor y perdón. Estoy tratando de aceptar el caos en mi vida y buscar a Dios en medio de todo, en vez de estar evitando o distrayéndome del caos de la vida. Entiendo que mientras viva, la vida seguirá haciéndome berrinches.
Ver a diferentes clientes todos los días también me ha dado valor y fuerza para encarar los retos de mi vida de frente y sin miedo. Pero recientemente mis miedos y mi nivel de ansiedad han estado tan altos que me paralizan, y a veces hacen que mi mente y mi cerebro se bloqueen. A veces solo me dan ganas de quedarme en casa y no quiero ver ni comunicarme con el resto del mundo.
Pero estoy aprendiendo a elegirme a mí misma y a apoyarme en Dios, a moverme, a cantar o bailar cuando las palabras no bastan, y también a permitirme descansar un poco sin sentirme culpable. Algunos días son más fáciles y otros más difíciles, pero cuidar mi salud mental es parte del tratamiento, igual que tomar los medicamentos para el VIH.
De donde yo vengo, en cuanto se sabe que tienes problemas de salud mental, la gente dice que estás loca y que te tienen que encerrar bajo llave; esa es su idea de alguien que lidia con problemas de salud mental y, por este estigma, no hablamos de nuestros problemas.
Estos días elijo tratar bien a mi mente, y elijo recordar que ninguna de nosotras está destinada a pasar por esto sola.


